22 de marzo de 2017

Las cosas que nunca mueren








Con el paso de los años me he dado cuenta que he ido dejando por el camino trozos de mi esencia. Los fui perdiendo desde una temprana edad y no note su ausencia ni supe que ya no estaban hasta años más tarde, fue en ese momento cuando entendí que se fueron porque había llegado su fecha de caducidad. Se quedaron atrás perdidos en el limbo de la inexistencia hasta desaparecer del todo

Pero esos huecos que quedaron se saciaron de pedazos inmensos de armonía y madurez que se unieron formando algo hermoso, suave y dulce. Hay cosas que nunca mueren del yo íntimo, son las que mantienen el espíritu vivo fusionándolo con toda nuestra existencia y enlazándolo con la vida que hemos vivido y la que viviremos.

Siento que cada paso que doy me hago más fuerte, y he descubierto que estaba sumida en un sueño profundo que me impedía despertar sumergiéndome en una vaga apatía. Ahora soy como un edificio que ha resucitado de un desastre y sigue en pie a pesar de todo. Y me alegro de no haber escondido mi alma en una caja para dejarle el espacio al diablo.

He nacido de nuevo como en otras realidades lo hice, pero sin sensaciones extrañas ni remordimientos. Y mi mundo palpita dentro de mí iluminando y guiando mis pasos. Este mundo me lleva a una vida donde prospera la quietud y donde sonrío a lo que me aguarde el destino.   


 No se intentaría hacer nada si antes se tuvieran que superar todas las objeciones posibles.  
Paula.F.Eagle.





 


Besos









Fuente imagen y vídeo. You tube,google



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