14 de julio de 2014

Jinete de bronce


 
 
 
 
 Nunca un hombre se ve tan hermoso como en el momento en que está ensimismado en sus propios pensamientos, dejándose llevar por el dulce sendero de la ensoñación. Con la mirada limpia y clara llena de sutiles filigranas, de pequeños secretos que salen a la luz sin temor a las sombras. Es la belleza pura de hombre que galantea con su universo interior disfrutando del tierno placer de su brillo. No existe una creación igual en la tierra que humedezca el aire como el perfume de su alma.

Sus latidos acompasados con el ritmo embriagador de ese corazón callado, que descansa saciado de lo reciente, caminan por la tierra sin hacer ruido. Dejando sus huellas sin sentir el paso del tiempo. El espíritu que anida en su interior jadea con el viento de la noche, expulsando el aliento de los últimos sueños que moldean su perfección cabalgando en la gloria de la vida como un jinete de bronce.




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