31 de mayo de 2014

Niños grandes.




Cuando contaba 9 años, vino de visita a casa un amigo de la infancia y su padre. Según nos contaron, el padre había sido ascendido de categoría en su empresa y requerían de su presencia en la central, que casualmente estaba en la misma ciudad donde vivíamos nosotros. Me llenó de emoción y alegría volver a ver a mi querido amigo Milo, hacia tres años que no nos veíamos. Después de los saludos de rigor, y de una buena merienda, a mi padre se le ocurrió que podríamos pasar el rato los cuatro jugando a vaqueros, que él y el padre de mi amigo harían de caballos.

Milo y yo nos volvimos locos de ilusión,ya que esos momentos de padres e hijos no eran muy frecuentes debido al trabajo que ejercían nuestros progenitores, y que desgraciadamente les ocupaba prácticamente todo el día. Y dicho y hecho, nuestros padres se pusieron a cuatro patas y nos subimos en sus espaldas imitando a los vaqueros de las películas. En el fragor del juego el padre de Milo le dio una patada a mi padre, sin mala intención, estaba tan metido en el papel el buen hombre que se le fue la pierna. Mi progenitor sorprendido se ofuscó,aunque fue más por el daño que le había hecho la patada en su orgullo, que por el dolor que le causó tan tremenda coz.

Sin mediar palabra le devolvió otra patada que consiguió tirar al suelo a mi amigo y a su papá. Este ultimo, con la cara roja de indignación,se levantó del suelo, y cogiendo al hijo de la mano le dijo ¡Nos vamos, despídete de tu amiguito! Milo me miró con cara de circunstancias y casi llorando se despidió de mí con un fuerte abrazo. Ni que decir tiene que nuestros padres no se dijeron ni hasta luego. Horas mas tarde, después de cenar, me quede reflexionando sobre todo lo ocurrido, y llegué a la conclusión de que en vez de haber merendado nuestros padres unas ricas galletas deberían haberse comido una bala de alfalfa, como corresponde a los caballos.

1 comentario:

  1. Por desgracia, los mayores, a veces, no pensamos en lo que podemos llegar a influir en los pequeños, cometiendo atrocidades como la que relatas: alejarlos de sus amigos. Hay que luchar para cambiarlo.
    Saludos.

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