5 de mayo de 2014

Duende






Los quejios elevan su tono, el taconeo incesante pulsa con fuerza, con ese brío que solo unas piernas vigorosas pueden alcanzar. Los muslos tiemblan con cada golpe en el recio suelo. El cuerpo vibra presa de la locura de la guitarra, las palmas jalean al compás del cuerpo animándolo a seguirlas. 
Los brazos enredan el aire moldeándolo a las manos, que lo atrapan convirtiéndolo en un huracán de dedos ágiles. Las caderas cimbrean uniendo su sinuoso movimiento a la esbelta cintura. En un revuelo de volantes, con la frente alta, la mirada fija y los labios dispuestos para gritar. La mujer, embriagada por el poder del frenesí de la danza, gira en un torbellino de sangre, sudor y alma.

Autora.Cristal

1 comentario:

  1. Que bién lo describe Sr Fulgencio


    Parece que lo está viviendo

    Gracias por compartir

    Abrazos
    Victoria

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